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La escuela y su importancia en la idiosincracia venezolana

Desde la edad greco latina hasta el majestuoso y supuesto formidable mundo de la globalización, la escuela siempre ha representado para los críticos y conocedores de los saberes filosóficos un tema neurálgico y de gran trascendencia para el desarrollo potencial de los pueblos. La escuela representa la luz en medio de una densa oscuridad, un salvavida en momentos de inundaciones y hasta el sol después del mortífero paso de un determinado, sorprendente e inminente diluvio.

La escuela establece parámetros útiles e imprescindible para la vida en equipo; la vida en comunidades donde los individuos comparten las mismas necesidades e intereses. La escuela es la segunda madre de todo ser humano. Es la matriz procreadora de la formación psíquico-intelectual del sujeto. Allí, se copia patrones que se imita como modelos auténticos y sublimes para la vida. En tal sentido, en la medida en que el maestro o la maestra lo hace bien, en esta misma medida habrá una duplicidad de sujetos repetitivos; claro, siempre con características propias y bien definidas: Pero, en la medida en que el aprendiz adquiera formaciones e informaciones distrosionadas, en esa misma medida los patrones de reproduccción de la conducta, o forma de concepción de las ideas se multiplicarán de un individuo a otro en detrimenhto de de las nuevas generaciones de relevo...

Por ello, la escuela debe asumir su rol protagónico ante la sociedad dispensando el conocimiento propio, preciso acorde a las necesidades reales de los individuos; proyectando la realidad del acontecer nacional e internacional y diseñando soluciones viables y aplicables a corta, mediano y largo plazo. La escuela debe ser congruente con su enseñanza, teórica y práctica a la vez. Parte del conocimiento empírico al conocimiento científico. Es el segundo escalón en el mundo del saber después del hogar.

La escuela debe trascender las cuatro paredes para estar presente en cualquier lugar. La escuela va más allá de un mero asiento adscrito a un ambiente cuyo tradicional diseño evoca un pasado que remonta al mundo de la infancia. La escuela debe ser el instrumento y termómetro ideal para medir la temperatura de la sociedad para que los proyectos en ejecución y por hacerse realidad representen soluciones reales y viables a los males que aquejan a los pueblos de bajos recursos...

En el ámbito de la venezolanidad, la escuela debe ser el cuartel del soldado estudiantil, el hospital del paciente víctima del mal de la ignorancia, la sala de espera del alumno viajero a bordo del tren atlántico del saber, la catedral del ser aprendiz, el trono de niño rey y niña reina, el palacio del adolescente príncipe del aprendizaje significativo que con tanta vehemencia predica Ausubel.

Prof. Yves Girodier

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